El Hombre en Busca de Sentido

Seguimos con días tristes y de lluvia. ¿Quién dijo que el mayor atractivo de España es el sol? Lorenzo se ha cansado de ser el protagonista y se ha largado al hemisferio sur, allí pasa más desapercibido…

Un lugar donde no salió el sol en mucho tiempo fue Polonia. Allí, todo eran lodazales, muerte, tristeza, hambre y miserias. La agresividad y falta de empatía de los soldados de las SS eclipsaban cualquier rayo de luz que pudiera aportar un mendrugo de pan, una sonrisa de un niño o la más mínima esperanza de salir vivo de allí.

Arbeit Macht Frei (El trabajo hace libre)

Arbeit Macht Frei (El trabajo hace libre)

Victor Frankl supo reflejar muy bien la escasa luz de aquellos días, semanas, años… pero también supo enseñarnos que allí donde hay vida por muy miserable que sea, el ser humano es capaz de encontrar un motivo para continuar adelante, llenarse de esperanza el corazón y seguir caminando hacia la luz. Él la encontró, nunca tiró la toalla y en El Hombre en Busca de Sentido nos lo cuenta con pelos y señales.

Este libro de apenas 190 páginas narra sus vivencias dentro de los campos de concentración en los que estuvo destinado.

Cuenta cómo se quedó al lado de su padre en lugar de huir al otro lado del mundo con su tesis doctoral bajo el brazo y un futuro profesional debido a una “señal”. Debido a esta decisión, acabo coqueteando con la muerte y lejos de su familia. Lo maravilloso del libro, es que lo cuenta desde un punto de vista objetivo.

Nada más llegar al campo de concentración (en este caso su primer campo de concentración fue Auschwitz), los soldados alemanes te despojan de todas tus posesiones. Te quitan el reloj, la alianza de matrimonio, te quitan la ropa… no sólo te quitan lo material sino que con todos estos objetos se llevan tu integridad como ser humano. A partir de este momento no eres nada. Un pedazo de carne pegada a unos huesos que ocupan un sitio en un barracón y que, con suerte, morirás en pocos días. phpThumb_generated_thumbnailjpg-1

Victor era psicólogo y analizó la vida en el campo dividiéndola en tres fases:

  1. Internamiento. En esta fase te suben a un vagón de tren rebosante de otros judíos. No puedes siquiera sentarte debido a lo apretados que van todos aunque esto después lo agradeces ya que evidentemente tampoco hay sitio para defecar por lo que todos lo hacen en el mismo sitio en el que se encuentran. Así pasan varios días y si has tenido la suerte de colocarte cerca de la pared en una grieta por la que entra aire puro, te sientes la persona más afortunada del mundo. Cuando llegas al campo, te reciben unos prisioneros que parecen bien alimentados. Son lo que se llama, el Comité de Bienvenida. Esto hace que el prisionero entrante tenga la “ilusión del indulto” que hace que incluso el prisionero a muerte tenga la esperanza de que no vaya a morir.
  2. La siguiente fase es la vida en el campo. Toda apatía y sentimentalismo desaparece como mecanismo de defensa. Cualquier situación aberrante, como la del niño que se le congelan los dedos de los pies y se los arranca con unas tenazas, pierde todo sentido y se acostumbran a ellas. Ya no es algo que impresiona sino que se ha convertido en el día a día e incluso, como mecanismo de autodefensa, parodian ciertas situaciones para reírse de ellas y hacerlo más llevadero. Frankl vió que personas endebles y frágiles físicamente pero con una gran vida espiritual previa, sobrellevaban mejor la vida en el Campo y tenían más posibilidades de sobrevivir. Por supuesto, el sufrimiento de estas personas era inimaginable. Víctor relata varias situaciones ocurridas allí, así como sus experiencias. En una ocasión, Víctor le pregunta a otro prisionero que por qué lucha por su vida y este le contesta que por su mujer. Ella está en otro campo y sueña con el momento en que se reencontrarán. Al principio del libro Victor cuenta que aun teniendo la oportunidad de irse lejos de la guerra, se queda con sus padres y con su mujer, sus pertenencias más importantes. A su llegada al Campo de Concentración, lo primero que hacen es separarlo de ellos. Sus padres mueren delante de sus ojos y a su mujer la llevan a otro campo. El lucha por su propia vida durante toda la estancia en este infierno soñando con el momento del reencuentro sin saber que a los seis meses de la separación, ella muere.
  3. La tercera y última fase es la de la liberación. El momento de la liberación, ese idílico momento con el que todos los presos sueñan, felicidad, alegría… no existe. Hace tanto tiempo que sus cuerpos no pueden sentir esas emociones reales que son incapaces de hacerlo de repente. Necesitan tiempo. Incluso llegan a sufrir cuando al llegar al lugar donde estaba su casa, protagonista de sus sueños y anhelos, ya no está. Es un proceso muy lento en el que, según cuenta Frankl, ya no hay nada que temer excepto a Dios. 

Después del libro, Victor habla sobre la logoterapia. Ésta es la Tercera Escuela Vienesa de psicoterapia y se centra en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre. frankl2

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Según Nietzsche: Quien dispone de un para qué vivir es capaz de soportar casi cualquier cómo.

Es un libro extremadamente recomendable, de los de tener sobre la mesilla de noche y de obligada lectura cada vez que nos lamentemos porque los pantalones no nos cierran o porque nuestro salario no es suficiente para comprarnos este o aquel capricho.

Disfrutad de la lectura,

 

Nos leemos!

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3 respuestas a El Hombre en Busca de Sentido

  1. Reblogueó esto en elbiensentiry comentado:
    «Vive como si ya estuvieras viviendo por segunda vez y como si la primera vez ya hubieras obrado tan desacertadamente como ahora estás a punto de obrar.» V. Frankl

  2. Hay quien no necesita de un sentido -llamémosle trascendental o, por lo menos, vital-, en cambio otros sí. No les basta con un trabajo, un hobbie y/o relaciones personales más o menos íntimas, por ejemplo. Pero esta queja queda ridícula “en comparación” con la pérdida de toda tu familia. Pongo entre comillas “en comparación”, no porque guarde un significado metafórico sino porque deseo destacar que a quien padece ausencia de sentido sufre igualmente, con independencia del motivo. Intelectualmente incluso entiende la mezquindad de sus motivos al lado de los de Frankl, pero el dolor para muchos persiste. Supongo que es cuestión de entrenamiento. Como apuntas al final, en la fase de liberación, también esto puede que sea “un proceso lento”.

    Saludos, Araceli

    • mariaarenzana dijo:

      Muchas gracias por tu aportación, me ha parecido digna del inicio de una larga conversación. Gracias y saludos!

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